Archive for septiembre, 2015

Pastelitos para todos

De cómo se empieza y cómo se acaba.

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Hoy haciendo copias de seguridad de discos duros antiguos no he podido evitarlo, he visto las carpetas de cuando todo esto estaba tomando forma, el 2010, las he abierto. He flipado. Hicimos mil fotos, hice mil fotos. Mil proyectos, todos diferentes, escenarios, vestuario y sobretodo fotos de disfrutar y ser totalmente libre, porque no eran para nadie, ni para mí.

Entonces no me daba cuenta, sólo vivía al máximo cada día… y con máximo no me refiero sólo a despreocupación y risas, también sufría, pero eso era parte también de la intensidad del momento. No tenía nada, me alimentaba de yogures con galletas y algunas noches me invitaban a gin-tonics con pepino y era rematadamente feliz dentro de esa vorágine de intensidad y ensueño. Fue la época en la que estábamos en Caótica, un local enorme en el que cada uno teníamos una habitación, allí conocí a algunos de mis amigos actuales, algunos de los que luego se convirtieron en compañeros de trabajo. Una vez hicimos una fiesta de la absenta, para sentirnos más parisinos (y de repente el suelo fue blandito).

¿Y todo este vómito de recuerdos? Pues tiene sentido, cinco años después he terminado la aventura que nació entonces… o en realidad tengo la intención de retomar lo que murió por seguirla por un camino “equivocado”. Caótica terminó y me marché con todo a una calle más abajo para abrir lo que ha sido el guapo estos cuatro años, con la intención de poder vivir de lo que mejor se me daba, yo… y con la firme convicción de que con optimismo y trabajo duro todo podría salir adelante (no es así… pero eso lo sé ahora). Abrir el estudio fue el camino lógico pero me convirtió, casi imperceptiblemente, en algo que no era, así que ya no tenía mucho sentido seguir dejando de ser lo único que sé ser.

¿Y ahora? Ahora toca recuperar la libertad, o al menos intentarlo (porque a estas alturas me parece un poco más difícil). La sinceridad, lo limpio, la simplicidad de hacer vestidos con un plástico y cartulinas y tirar mil fotos con un fondo de papel de regalo.

No hice buenas fotos, seguramente ni una, simplemente hacía lo que me hacía feliz, sin pensar en un resultado espectacular. Y he hablado de libertad porque no he visto las fotos sola y la reacción en algunas era “cómo es que este chico dejaba que le hicieras fotos con un escenario rosa y unas flores si no es gay” y me he dado cuenta de que entonces no se me pasó ni un segundo por la cabeza que aquello pudiera no parecerle bien o le diera vergüenza (que no le dio), en mi (nuestro) mundo no existía ninguna de esas barreras sociales. Vivía tan absorta que me daba exactamente igual que alguien pudiera opinar acerca de lo que hacía, realmente no pensaba en que alguien fuera a opinar la verdad, si era malo o mediocre, sólo era yo, maquillada con “pinturetas” de los chinos la mayor parte de veces. Tampoco me importaba que las cosas no estuvieran perfectamente recortadas o confeccionadas, de hecho el secreto estaba justo ahí, en que nada era “perfecto”. De todo eso nació el nombre de elguapodelafoto, cualquiera podía serlo porque no había limitaciones de ningún tipo ni cánones de belleza estúpidos. ¡Sorpresa! No, no somos perfectos, tenemos granitos, curvas, el pelo erizado hoy que llueve, un diente mal puesto, la cicatriz de cuando nos caímos a los diez años… y pese a todo somos maravillosos y bellos, eso era el guapo, encontrar la belleza en la realidad de cada uno, en la sinceridad de cada uno.

Así que, a modo de conclusión tras el empape de fotos, cerrar ha sido lo mejor que ha podido ser, estoy cansada de que me pregunten y al decirlo me pongan cara de pena, no, no estoy triste, no me arrepiento tampoco, ni me siento una perdedora, estoy feliz, contenta por haber sabido ser sincera y coherente. Y con ganas, con muchas ganas.

Así que os dejo a Pastelitos, que me ha hecho sonreír, hija de ese 2010 intenso. Sin retoques.

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